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Parque para imaginar.

 

En este  blog he escrito varias veces  sobre la falta de autonomía de los niños hoy en día. Niños que no van nunca solos a hacer un recado, que no juegan sin la supervisión constante de un adulto o que no caminan hasta el colegio con amigos , por ejemplo.

Y si…sé lo que me vais a decir: “No están los tiempos para descuidarse” y “Depende de cada niño”... y tenéis razón.

Hay que tener sentido común ( ese que según mi madre es “el menos común de los sentidos” ) pero sobre todo depende de cada niño y de cada ritmo; no es igual mandar a un niño a por el pan enfrente de casa, que pedirle que viaje solo en autobús  o esperar que todos los niños de siete años puedan tener el mismo grado de autonomía, solo por el hecho de tener siete años.

Totalmente de acuerdo .

Con todo esto en la cabeza fui el otro día a un parque infantil. Os aviso desde ya, que tengo una relación amor/odio importante con los parques infantiles. Sobre todo con los actuales.

Por un lado, recuerdos maravillosos de horas de juego ( en el patio del colegio, en casa, en el barrio…)… cuanto más altos los columpios y más desafiantes mejor… y si se daba el caso de ir a algún parque con árboles y arena ( o al menos sensación de naturaleza alrededor) ya era el paraíso. Podías jugar a cualquier cosa…mancharte con la tierra y el agua.

También hubo accidentes, muchas rodillas con costras y un par de brechas contra el suelo… Pero sobreviví.

Me consta que esto suena mucho a “batallitas de la abuela” , más que nada porque lo son…yo vivi todo eso y conmigo una generación entera. Concretamente la que ahora mismo son padres.

Seguro que recordáis los columpios de hierro con esquinas, el suelo de cemento y arena bajo los columpios, los columpios con cadenas o los puentes de hierro donde jugábamos a colgarnos cabeza abajo por las rodillas…Vale que en cuestión de seguridad quizá no estaban todo lo meditados que debieran, pero esos parques infantiles cubrían una función muy importante que hemos olvidado, sobre todo en las ciudades:

Aprender a valorar el riesgo… saber cuales son las consecuencias de nuestros actos… adquirir destrezas… hacer ejercicio… socializar por nosotros mismos… organizarnos… tomar decisiones… enfrentarnos al dolor de una rodilla raspada… y mil cosas más.

Dejando aparte el hecho de que hoy en día , en la mayoría de nuestras ciudades, TODOS los parques infantiles son PRÁCTICAMENTE IDÉNTICOS . Es muy muy, pero muy complicado encontrar dos parques infantiles diferentes (y esto me da un poco de miedo, lo confieso ) y es algo que no entiendo, pudiendo hacerse cosas tan maravillosas como esta:

Parques infantiles by MONSTRUM

Parques infantiles maravillosos.

Lo que más me preocupa, es que esa generación de niños que hacíamos el loco por los columpios y que ahora son padres, se echan a temblar ante la idea de que un niño esté alejado de ellos 50 metros jugando.

Obviamente es una generalización, pero creo que entendéis lo que quiero decir… O que ni se plantean que crucen la calle para comprar el pan…. cuando nosotros mismos lo hacíamos de niños sin ningún problema.

¿¿Qué ha pasado?? … ¿¿ Nos hemos olvidado??…  ¿¿ Tantísimo ha cambiado el mundo como para que un niño no pueda bajar solo a la calle??…

Cierto es que debemos recuperar espacio en las ciudades para todos, empezando por los más pequeños… ya decía Tonucci que “excluir a los niños de las ciudades es excluirles de la vida social ” y también dice que  “La calle es peligrosa porque no hay niños en ella” y creo sinceramente que esto es una terrible verdad.

Los niños aprenden TODO jugando, aprenden cómo vivir en sociedad jugando, y de pronto les quitamos espacios y oportunidades para hacerlo, les quitamos autonomía … los apartamos.

Pero como una es positiva ( o por lo menos lo intenta) lo mejor será centrarse en lo que SI podemos hacer:

Podemos darles autonomía y espacio a los niños, creedme no se van a a romper…

Podemos dejarles jugar al aire libre cuanto más mejor…

Podemos intentar salir a la naturaleza todo lo posible, algo que todos necesitamos, pero que para los niños es esencial….

Podemos dejar volar la imaginación en el parque del barrio y convertirlo en algo mágico ( y también luchar un poquito porque los responsables de los mismos trabajen un poco más en ello, la verdad…)

Podemos dejarles que trepen, que se manchen, que corran y que salten todo lo que quieran…

 

Os aseguro que habremos ganado mucho. TODOS.

 

 

 

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